lunes, 4 de junio de 2012

Apuntes desde una sombrilla...






Levanto la vista. Cierro por un momento el libro marcando previamente la página por la que voy. Aparco mi imaginación por un instante. El mar de frente. Miro a mi alrededor. Y observo cómo hay veraneantes que además de desconocer cómo se ha de hincar el palo de la sombrilla en la arena para que ésta no salga volando a la menor de cambios, tampoco parecen saber del proceso intermitente de las mareas. Con frecuencia mal ubicados, se pasan la tarde arrastrando las toallas con los enseres encima y cambiando de sitio la sombrilla a medida que el agua, ascendente, les alcanza.

De padres a todas luces tan primerizos como mayores para el  niño que cada tarde traen a la playa –y ahora acaban de llegar-, lo más llamativo es la actitud de ambos, permanentemente de pie y dedicados a la exclusiva tarea de estar pendientes del pequeño. Pero no en un tono vigilante sin parecerlo. No. Él permanece con los brazos hacia atrás y las manos entrelazadas –a veces con un cigarro encendido-, sin perderle de vista. Ella camina siempre pegada al niño, encauzando y corrigiendo cada movimiento que éste efectúa. La merienda es de igual forma: la madre, bocadillo en mano tras el niño. Afortunadamente el pequeño dispone de la suficiente iniciativa e hiperactividad como para compensar con creces el asfixiante comportamiento de sus improbables progenitores. ¿O es al revés? En cualquier caso, no le dan respiro. Y por tanto, tampoco se lo dan a si mismos.

Una interesante mirada cruzada con alguien más allá, a mi izquierda, me constata que nadie se sabe más bello que quien, sospechando que lo es, sorprende a quien con admiración le contempla. Y es que seamos como quiera que seamos, ante la belleza nos plegamos sin remedio. Quedamos totalmente desarmados. Incluso sospecho que somos más permisivos y tolerantes con la gente que nos resulta atractiva.

Los gorriones hacen de pronto su aparición en pequeños grupos. Pululan dando saltitos sobre la arena mientras buscan algo que llevarse al pico, abierto hasta la exageración a causa del calor. Saben que es costumbre entre los humanos el dejar rastros y restos por donde quiera que se aposenten.

Entretanto, y ajenas de momento a una labor similar porque también conocen la dejadez humana, las gaviotas, siguiendo su exclusivo protocolo, sobrevuelan en formación por encima de los ocres acantilados y bajo un cielo azul celeste increíble, anunciando, como cada tarde, la proximidad de la puesta del sol.

Al bajar la vista le veo. Por la orilla pasa una figura que me es familiar. Como cada verano, al menos una vez, nos cruzamos caminando por la playa, aunque hoy no haya sido así. Parece gustarnos el mismo paisaje. El mismo lugar. Nunca intercambiamos palabra alguna. Aún reconociéndonos. Tampoco sé la voz que tiene. Y aunque mantiene el mismo brío de siempre al andar, veo que ha puesto peso. Ahora también, dónde hubo un negro azabache de abundante y grueso cabello, pintan algunas canas... lo que me recuerda el inexorable paso del tiempo por cada uno de nosotros.

Vuelvo a retomar el libro justo donde lo dejé para leer: “… una vez más, en los tiempos tumultuosos en los que vivimos, el autor nos hace huir de la realidad a través de una historia de amor… (Como si el hombre pudiese vivir sin eso)”.  Como si el hombre pudiese vivir sin eso –repito una y otra vez  por dentro, mientras mis párpados se pliegan incapaces de luchar contra el sopor que poco a poco me va  invadiendo…




                                                                                          ©narbona

5 comentarios:

A las 5 de junio de 2012, 15:39 , Anonymous Sebas ha dicho...

Esas playas dónde nos gusta perdernos para encontrarnos eh? :)

 
A las 7 de junio de 2012, 2:38 , Blogger Julio Muñoz ha dicho...

Costumbrismo real, sin florituras, me gusta mucho esta forma de escribir. Muack!

 
A las 12 de junio de 2012, 4:53 , Anonymous Anónimo ha dicho...

Con que de playita, eh?
Ya mismo estamos por ahí pululando y dando saltitos como tus gorriones.
Al margen de esta ráfaga de optimismo, los ojos con que captas el entorno nos transporta al tiempo que nos invitas a reflexionar, y eso a mi me parece bueno, muy bueno llenando de significado a los que te leemos.
Saludos literarios narbona.

Inma Valdivia

 
A las 30 de julio de 2012, 4:14 , Blogger Mª Dolores Amorós Montaner ha dicho...

Ya te lo dije, y hoy me reafirmo: me encanta tu forma de escribir. Es un don que se tiene, pero que hay que cultivar y eso lo sabes hacer muy bien.
Un beso-

 
A las 23 de abril de 2013, 7:56 , Anonymous Harry Haller ha dicho...

Precioso, como siempre.


@Monkeastman

 

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